La marihuana en la brujería

Las brujas modernas siguen usando la marihuana en sus prácticas, sobre todo para la meditación en solitario o como ayuda para acceder al mundo de los espíritus

Para la mayor parte de los mortales, la imagen más emblemática de una bruja es una silueta subida sobre una escoba volando frente a la luna. Yo no sé tú, pero lo más cerca que me he sentido yo de volar frente a la luna ha sido cuando me cojo un buen ciego de hierba.

Pero es posible que no se trate totalmente de una coincidencia: la historia de la magia y la brujería está llena de orgías, alcohol y enteógenos, todos empleados como forma de conseguir un estado mental mágico transitorio en el que puede que el cuerpo siga en el mundo físico, pero el espíritu está en otra parte, libre para vagar “entre ambos mundos”.

Uno de los ejemplos más antiguos ―y también más destacables― del empleo de estados alterados de conciencia en la magia es el Oráculo de Delfos: durante siglos, las antiguas sacerdotisas del dios griego Apolo que vivían en un templo construido en torno a un manantial sagrado en Delfos adivinaban el futuro a los visitantes procedentes de todo el mundo antiguo. Su influencia era tan significativa que los reyes les consultaban si debían ir a la guerra. Todo el mundo asumía que el espíritu de Apolo se introducía en cada sacerdotisa y le permitía ver el futuro. Según Uses and Abuses of Plant Derived Smoke (Uso y abuso del humo procedente de la combustión de plantas), un compendio etnobotánico sobre el uso del humo en todo el mundo, la sacerdotisa se sentaba sobre un trípode situado encima de un orificio del que surgían vapores y se creía que eran aquellos vapores los que inducían sus visiones.

Aunque muchos investigadores creen que los vapores contenían “diversos gases naturales potencialmente tóxicos” que emanaban del suelo, algunos sostienen la hipótesis de que se quemaban plantas alucinógenas bajo el templo y se dirigía el humo hacia la vidente, o que las sacerdotisas fumaban o ingerían sustancias alucinógenas además de inhalar el humo procedente de la tierra. Aunque muchos académicos mantienen que el Oráculo quemaba hojas de laurel, que eran sagradas para Apolo, otros han llevado sus teorías un paso más allá. El Dr. DCA Hillman, bacteriólogo y experto en la época clásica que ha escrito numerosas obras sobre el consumo de drogas en el mundo antiguo, afirma que existen pruebas de que tradicionalmente se quemaba cannabis para inducir el estado de trance del Oráculo, porque las hojas de laurel no poseen propiedades psicoactivas y la marihuana ya fue introducida en Grecia por las tribus de Asia Central que conocían los potentes poderes psicotrópicos de la hierba.

El Oráculo de Delfos no era ni mucho menos la única figura mágica de la Antigüedad que empleaba marihuana en sus prácticas. Tal y como se indica en Uses and Abuses of Plant-Derived Smoke, “Los miembros de la tribu Gaddi, del estado Himachal Pradesh de la India, situado en el Himalaya occidental, fumaban la resina de la hembra [del cannabis], a la que llamaban sulpha, por las alucinaciones que provocaba”. También se han encontrado chamanes y miembros de la nobleza desde China hasta Rusia enterrados con plantas de marihuana, lo que denota su carácter sagrado.

No existen demasiadas pruebas de que la marihuana se empleara de forma generalizada durante la Edad Media en Europa ―aparte de que el Papa Inocencio VIII la prohibiera explícitamente―, pero aun así las brujas europeas se las arreglaron para encontrar formas de alterar su estado mental. Durante este período, frotaban enteógenos como la belladona, el beleño, la datura o la mandrágora sobre sus cuerpos (algunos afirman que frotaban estas sustancias sobre los palos de escoba y se los insertaban vaginalmente) para liberar sus espíritus de su forma física. En las alucinaciones resultantes, se decía que las brujas volaban hasta el sabbat, el supuesto momento del mes en que las brujas, los demonios e incluso el mismísimo diablo se reunían para compartir secretos mágicos, firmar pactos demoníacos y celebrar salvajes orgías.

Las brujas modernas siguen usando la marihuana en sus prácticas, sobre todo para la meditación en solitario o como ayuda para acceder al mundo de los espíritus

Es probable que el uso de esas hierbas en un contexto ritual se remonte a cultos ancestrales como el Oráculo de Delfos y sea uno de los vínculos más claros con el pasado primordial de la brujería. Como escribe el brujo, historiador y profesor en la Universidad Estatal de Colorado Chas Clifton en su famoso ensayo If Witches No Longer Fly (Si las brujas ya no vuelan), “Yo diría que el peligro de aquellas recetas, combinadas con la tradición ancestral de su uso, es el mejor argumento para la supervivencia de cualquier ‘Religión Antigua’ originada antes de la Cristiandad. Sin algún tipo de tradición oral sobre la preparación y las dosis, similar a la de los chamanes de la ayahuasca de América del Sur, los riesgos serían demasiado grandes”. El peligro del que habla es real: tanto brujas modernas como personas no mágicas por igual han sido ingresadas en el hospital ―o incluso han llegado a fallecer, como sucedió con el brujo inglés Robert Cochrane― por haber tomado demasiada belladona y otras hierbas relacionadas con la brujería.

Entonces, ¿por qué la magia herbal ―sobre todo la que emplea marihuana, pero también otros alucinógenos― se utiliza menos en la brujería moderna? Después de todo, el resurgimiento del ocultismo durante el siglo XIX giraba en torno a la absenta y los fumaderos de opio y el segundo gran resurgimiento del ocultismo sucedió durante los días locos de la droga, en las décadas de 1960 y 1970. Parece que la magia y las drogas van de la mano.

Una respuesta obvia es porque la marihuana sigue siendo ilegal en muchos países, incluso aunque sea para uso medicinal. Esto hace casi imposible que los editores de libros sobre ocultismo permitan a los autores recomendar que utilicen la maría como método para alcanzar estados de trance y viajes astrales, aunque ese sea su método favorito. Como lamenta Gordon White en The Chaos Protocols (Los protocolos del caos), “Las publicaciones sobre magia de los últimos treinta años se han visto enormemente menoscabadas por la forma en que se han empleado las sustancias psicodélicas como patatas calientes geopolíticas. Como escritor, no puedo defender legalmente que ningún lector quebrante la ley y en teoría se puede responsabilizar a los editores por cualquier daño que surja a partir de acciones que se describen en sus libros”.

Aun así, las brujas modernas siguen usando la marihuana en sus prácticas, sobre todo para la meditación en solitario o como ayuda para acceder al mundo de los espíritus. Elizabeth DeCoursey, propietaria del Antidote Apothecary and Tea Bar de Brooklyn, afirma que normalmente utiliza la hierba como ayuda para la meditación. “Cuando quiero separar el velo y acceder al conocimiento ancestral y a la conciencia colectiva del agua, la calma total y absoluta a nivel celular que consigo con la marihuana es muy profunda”, explica a Broadly. Hay un motivo por el que la maría posee vínculos históricos con la magia: contar con una herramienta segura y confiable para alcanzar estados alterados de conciencia puede ser muy útil en la brujería.

Melissa Madara, bruja y copropietaria de Catland Books en Brooklyn, emplea la hierba para conseguir concentrarse durante la meditación y para dejar de “cuestionarse todo lo que ve” durante el contacto con los espíritus. Recomienda usar esta sencilla visualización como punto de partida: “Túmbate de espaldas, concéntrate en tu respiración profunda y empuja el ojo de tu mente hasta lo más profundo de tu cuerpo”, indica. “Cada nueva respiración introduce aire fresco, luz blanca y energía sanadora. Y cada exhalación expulsa la tensión, las viejas emociones y el estrés del cuerpo”.

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