El Satanismo

¿Una nueva religión?

Segunda parte

En la actualidad, el satanismo en los Estados Unidos crece de forma rápida y sostenida como una fuerza social y religiosa, debido a la defensa del pluralismo, la reivindicación de los derechos fundamentales, la protección de la diversidad y el destacado activismo ciudadano y político de las instituciones satánicas, entendidas como sociedad civil organizada. En los próximos años, el satanismo espera conseguir mayor visibilidad y que sus símbolos más destacados, como el Baphomet, formen parte de los espacios públicos más importantes de las principales ciudades estadounidenses. El crecimiento del satanismo en los Estados Unidos ha sido exponencial en los últimos años; entre los años 2013 y 2019 han sido notables los logros de la organización (Flynn, 2019).

Según el profesor Andrew Chesnut, la mayoría de los nuevos satanistas en los Estados Unidos se presentan como ateos y no ven a Satanás como algo más que una metáfora. Los satanistas de la vieja escuela tienen sus diferencias con estos grupos de satanistas, debido a que consideran que es un oxímoron ser ateo y satanista al mismo tiempo, puesto que Satanás es una figura sobrenatural. Los satanistas de la vieja escuela veneran a Satanás a través de ritos, oraciones y rituales, mientras que los nuevos lo usan como un símbolo que presenta los valores que mediante el activismo político buscan defender y salvaguardar. Chesnut también hace énfasis en que el satanismo tiene mucho en común con el cristianismo, lo que es evidente si se analizan los mandamientos y principios de las principales congregaciones satánicas. En el satánico está el espíritu del buen cristiano; lo mejor de él.

El satanismo se presenta como una filosofía de vida que reivindica la libertad individual sobre los intereses colectivos y el dogmatismo que caracteriza a otras religiones. Los satánicos creen en una libertad fundamentada en la responsabilidad, cuyos términos podrían ser entendidos, quizá, en los sartrianos. Con base en la filosofía satanista, se sostiene que nuestras acciones afectan a los otros y el límite de nuestra libertad es el impacto negativo o positivo que podrían nuestros actos tener sobre quienes nos rodean. Para el satanista es importante obrar de forma tanto consciente como conciente, es decir, no solo con pleno uso de nuestras capacidades mentales, sino también con una alta noción de la ética en su amplia dimensión — más allá de lo ontológico, lo racional y lo psíquico—.

El satanismo defiende la libertad sexual, lo que significa que cualquier forma de expresión sexual consentida entre adultos se acepta. Por lo tanto, nos oponemos a la violación, a la pedofilia y a el sexo con otras especies, dado que (en este último) el consentimiento no puede ser parte de ese tipo de enlaces. El satanismo fomenta el uso de fetichismo para aquellos a quienes se les da, naturalmente, pero no aboga por que las personas lo experimenten si no es su inclinación. — Peter ‘Magus’ Gilmore, sumo sacerdote de la Iglesia de Satán, 2013

El satanismo, como filosofía ética y moral, se ha inspirado en los lineamientos liberales que sirvieron de base doctrinal para movimientos tan importantes como la Revolución Francesa, la Independencia de los Estados Unidos y la Independencia de la América Hispana. Las tesis de Anton LaVey y Michael Aquino, fundadores de la Iglesia de Satán y el Templo de Seth, respectivamente, tienen elementos en común con las de Ayn Rand, Milton Friedman, el Marqués de Sade, Charles Baudelaire, Friedrich von Hayek, Friedrich Nietzsche, Adam Smith, John Locke, Ludwig Feuerbach, y hasta Paolo Sarpi. A través de la Iglesia de Satán, LaVey buscó institucionalizar en un culto organizado el anti-cristianismo de Nietzsche y el liberalismo de Rand, los dos grandes arquitectos intelectuales de su Biblia Satánica, con base en los valores de la libertad, el poder, el individualismo, el pensamiento crítico y el orgullo. Los once mandamientos del satanismo (Iglesia de Satán) son:

No des tu opinión o consejo a menos que te sea pedido.

No cuentes tus problemas a otros a menos que estés seguro de que quieran oírlos.

Cuando estés en el hábitat de otra persona, muestra respeto o mejor no vayas allá.

Si un invitado en tu hogar te enfada, trátalo cruelmente y sin piedad.

No hagas avances sexuales a menos que te sea dada una señal de apareamiento.

No tomes lo que no te pertenece a menos que sea una carga para la otra persona y esté clamando por ser liberada.

Reconoce el poder de la magia si la has empleado exitosamente para obtener algo deseado. Si niegas el poder de la magia después de haber acudido a ella con éxito, perderás todo lo conseguido.

No te preocupes por algo que no tenga que ver contigo.

No hieras a niños pequeños.

No mates animales no humanos a menos que seas atacado, o para alimento.

Cuando estés en territorio abierto, no molestes a nadie. Si alguien te molesta, pídele que pare. Si no lo hace, destrúyelo.

El satanismo, que rechaza el dogmatismo religioso, es profundamentamente liberal, objetivista y libertario. El Anticristo de Nietzsche, publicado en 1886, es uno de los más importantes antecedentes del satanismo en materia filosófica; una obra que tuvo gran impacto e influencia sobre el anarquismo, el existencialismo, el libertarianismo y el nazismo. Para Nietzsche, ser cristiano era odiar el gozo, el placer, la inteligencia, el orgullo, la valentía, y sobre todo, la libertad; el cristianismo buscaba igualar a los seres humanos, en contradicción con el orden natural donde existe una jerarquía y no todos estamos en las mismas condiciones, ni siquiera dentro de la misma especie.

Desde las ciencias sociales, en particular la sociología, se ha trabajado desde finales del siglo XX con el fin de superar el estigma que existía entonces sobre el satanismo en la sociedad occidental. Mucho antes de que el satanismo fuera reconocido como religión oficial en 2019 — , décadas atrás ya este movimiento se había dividido en dos: el satanismo legítimo o establecido; y el satanismo underground. El primero engloba a todas las formas de satanismo que se consideran genuinas manifestaciones de las libertades de expresión y religiosa del ser humano, fortaleciendo la democracia a través de la participación ciudadana y el pluralismo en sus diversas manifestaciones; el segundo abarca todas aquellas formas de satanismo que están vinculadas al crimen (Taub & Nelson, 1993:523–526).

El satanismo no es una secta; es una nueva religión emergente que ya cuenta con iglesias en varias ciudades importantes del mundo. En tanto la forma de satanismo — no existe una sola — tenga sustento en un sistema de valores, estándares sociales, simbolismo propio y rituales internos, podría ser considerada una religión. Aunque con frecuencia se considera que el satanismo es una antítesis per se del cristianismo, la posición de los satanistas con respecto a Dios los acerca más al budismo como religión. Los budistas tampoco creen necesaria la creencia en la existencia de Dios.

Una sociedad libre, liberal, plural y democrática no debe censurar ni discriminar a las minorías. Estados Unidos entiende que prohibir el satanismo es violar la libertad, razón por la cual empieza a reconocer el estatus del satanismo como religión oficial, a través de las instituciones públicas del Estado. Aunque no estemos de acuerdo con el satanismo, no se le debe censurar, sino luchar contra él en el marco de la democrática lucha de las ideas y el activismo político-religioso.

La lucha contra el satanismo y lo que implica este movimiento de corte ético, político y religioso debe ser también comprendida en el marco del individualismo-capitalismo y el colectivismo-socialismo. El satanismo reivindica la búsqueda del beneficio personal y la auténtica libertad individual por encima de todo, puesto que entiende a la libertad como el valor supremo de la sociedad. A mayor libertad individual, mayor prosperidad de todos; la suma de las rentas y beneficios generados se traducen en un mayor clima de bienestar general.

Según Christopher Dawson, las revoluciones políticas han sido, ante todo, revoluciones intelectuales y religiosas. La política no es ajena a la religión; al contrario, si bien la división entre el poder divino y el poder temporal se ha delimitado cada vez más, por lo menos formalmente — no ignoremos que, detrás de los medios de comunicación, los partidos políticos y los grupos económicos también hay intereses religiosos, los cuales no siempre son fáciles de advertir a simple y primera vista —. Si en Occidente no se logra apelar a los principios morales fundamentales que pertenecen a la tradición judiocristiana, es probable que nos veamos obligados a crear una nueva fe oficial y nuevos principios morales que sean vinculantes para los ciudadanos de nuestras naciones. Aunque no sean del todo equivalentes, las ideologías guardan una gran similitud con las religiones; los partidos políticos con las congregaciones religiosas.

Al tratarse el satanismo de una nueva religión, más que de un culto religioso, podría afirmarse que la civilización occidental se encuentra a las puertas de una nueva lucha existencial que cuestiona los cimientos de una de las bases medulares de la cultura de los pueblos que, siendo o no occidentales en toda su expresión y dimensión, han sido influenciados por el cristianismo. El satanismo de LaVey es el liberalismo, el objetivismo y el materialismo llevados a sus más radicales expresiones filosóficas y ontológicas, a través de ceremonias y rituales añadidos. Y más allá de que nos guste o no Satanás, el orden mundial en el que vivimos está, desde hace rato, influenciado por las mismas ideas que el satanismo defiende y los principios que salvaguarda; cambios de los cuales ni siquiera la misma Iglesia Católica ha sido ilesa, viéndose históricamente forzada a adaptarse a las vicisitudes de la política, la economía y la historia — como ya lo hizo con el comercio, cuya posición tradicional de rechazo y condena cambió desde la Revolución Comercial, anterior a la Revolución Industrial — . Los problemas asociados a la dicotomía Iglesia-Estado no han terminado.

Nota:

Fuera de lo perverso-anecdótico en su obra, que desafortunadamente es lo que más se ha resaltado, lo cierto es que en la filosofía del Marqués de Sade existen importantes antecedentes del nihilismo, irracionalismo y anticristianismo de Friedrich Nietzsche. Este personaje, cuya obra fue desconocida por las masas hasta muy entrado el siglo XX, también debe ser considerado antecedente y referente del satanismo.

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