Luces Camara y Accion – 832

¡Hola tod@s!

El súper poder de la imagen personal: el estilo auténtico.


En nuestra rutina cotidiana es más que presente nuestra imagen personal y su cuidado, en distintas formas y a través de diferentes estilos, que elegimos para obtener una buena imagen social.

De hecho, nuestra imagen es un puente entre nuestra auto percepción y lo que los demás piensan sobre nosotros mismos.

La imagen establece un ligado profundo entre nuestra persona y nuestras relaciones interpersonales: sin hablar, la imagen proporciona muchas informaciones sobre lo que somos y lo que queremos ser. Siendo consciente de esto, me surgen varias preguntas, que van más allá de lo visible: ¿los estilos de imagen que elegimos a diario, ayudan de verdad a expresar la autenticidad de nuestra personalidad?

¿La imagen que proyectamos aumenta nuestro bienestar emocional o lo limita?

¿Nos sentimos verdaderamente satisfechos con nosotros mismos, frente a ese espejo con los estilos que elegimos o con los que nos proponen nuestros profesionales de confianza?

A lo largo de estos últimos años, trabajando como coach potenciadora de imagen emocional, observando a los profesionales y a los aprendices que se forman en imagen personal, me he dado cuenta del fenómeno masivo del “copia y pega” creativo, que invade este sector: a menudo los profesionales son “víctimas inconscientes” de una globalización de tendencias, que acaba con estereotipar y estandarizar la creatividad del estilista.

Esta “masificación creativa” de la imagen personal lleva a dos escenarios críticos, que merece la pena analizar detenidamente: el primero, es que el profesional en pleno desarrollo artístico se acostumbra inconscientemente a autolimitarse a la hora de crear sus propios estilos, llegando a ser mentalmente dependiente de las propuestas de unos pocos referentes del mercado.

No obstante la mayoría de los profesionales sigan aprendiendo e inspirándose a los mejores iconos de éxito del mercado de la imagen, creo que todavía no tomen conciencia del súper poder de la misma: encontrar y exaltar la esencia profesional de cada uno y ponerla a servicio del cliente, adaptándola e integrándola a sus necesidades y gustos.

El segundo escenario a tener en cuenta, que esta masificación creativa de la imagen nos proporciona, es que se indoctrinan también los clientes consumidores de tendencias: de una forma inconsciente el cliente llega a creerse que lo que es “de moda” es solamente lo que se reconoce como modelo de éxito a seguir en pasarelas, revistas, certámenes, galas, ferias, etc.

En esta visión, la moda, entendida como una de las mayores fuentes de creatividad y de arte en la imagen personal, se arriesga a convertirse en una realidad que despersonaliza el autor de cada estilo y de cada trabajo artístico. Lo que debería haber firmado cada estilista, recuerda o copia totalmente otras creaciones de los mayores referentes del sector.

Creo firmemente que hay que reencuadrar la figura del profesional de la imagen, indiferentemente del campo en el que trabaje (peluquería, estética, asesoría de imagen, fotografía de moda, etc.), para ayudarle a ser más consciente del impacto emocional y del poder de creación de identidad que ofrece la imagen.

Todo lo que somos y sentimos por dentro, lo reflejamos por fuera y nuestra imagen manifiesta voluntaria e involuntariamente nuestra esencia personal, nuestras emociones y nuestros estilos más auténticos.

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