Baal

Señor de las Moscas

 

Baal (también llamado Bael, Belcebú y el Señor de las Moscas) es uno de los siete príncipes del infierno que representa, además, el pecado de la gula. Asimismo, esta figura es nombrada en varias ocasiones en el Antiguo Testamento, ya que hace alusión a uno de los principales dioses masculinos que se adoraba en Canaán y Fenicia.

En el contexto bíblico y cristiano, Baal (cuyo nombre también significa “maestro”, “señor” y “dueño”), posee legiones de demonios bajo su mando y actúa como una especie de asistente personal a Satanás. Durante la Edad Media se decía que Baal era un querubín en el cielo que siguió a Satanás cuando este fue enviado al infierno.

Existen diversas teorías dentro del cristianismo que explican su llegada al infierno, las cuales afirman que se trataba de un querubín que siguió a Lucifer hasta la tierra de las tinieblas. Por otra parte, se cree que fue un ángel que acompañó a Satanás en su lucha para apoderarse del cielo y que, una vez en el infierno, se convirtió en su asistente.

En otros pasajes de las escrituras sagradas se expone que Baal y Satanás son la misma persona y que se encarga, dentro de sus funciones, del pecado capital de la gula y de provocar que los hombres caigan en pecado.

Cabe destacar que Baal adquirió su concepción demoníaca a partir del nacimiento del judaísmo y el cristianismo en el sentido de que todos los dioses diferentes a Yaveh o Jehová pasaron a ser considerados demonios.

De acuerdo a la mitología, en cuanto los israelitas desconocieron al único dios y se inclinaron por el culto y la creencia del dios Baal de la fertilidad, fueron castigados de forma severa.

Por consiguiente, la concepción monoteísta confirió características diabólicas a todas las deidades que eran adoradas en la civilización fenicia y en las escrituras sagradas se plasmaron de forma detallada las acciones perversas de estas figuras.

El nombre de la divinidad fenicia fue transformado por los hebreos y se convirtió en el “señor de las moscas”, en referencia a la gran cantidad de estos animales que invadían los templos de Baal a consecuencia de que las ofrendas alcanzaban el estado de putrefacción.

Los elementos que se empleaban para rendir culto a la deidad estaban relacionados con los sacrificios humanos o animales y de forma posterior esta carne era dejada en el templo.

La raíz etimológica del nombre Baal tiene su origen en la religión semítica, en la que representaba a una de las deidades más importantes asociada con la fertilidad.

A Baal se le rendían diversos cultos con la finalidad de obtener cosechas prósperas y, dentro de estas mitologías, era considerado una figura que realizaba buenas acciones; el término provenía de Ba’al.

El significado de este nombre puede traducirse como amo, señor o dueño, sin embargo, en la Biblia, específicamente en el antiguo testamento en cuanto se hace referencia al dios de los fenicios, adquiere otras connotaciones. En este caso, Baal o Bael es sinónimo del propietario o maestro y se considera como a un demonio ya que va en contra de los designios de dios.

Con respecto a otro de los nombres que se emplean para referirse al demonio, Belcebú se cree que procede de la palabra hebrea tsebal, que en combinación con Baal se refería a señor del gran abismo o morada.

El término se sustituyó por tsebub, cuyo significado es mosca, adjetivo que fue empleado por los hebreos a modo de burla en vista de que las carnes que se colocaban en los templos como ofrendas atraían grandes cantidades de estos animales al descomponerse.

 

Apariencia

Son diversas las formas en las que se ha representado a Baal. En lo que respecta a la cultura semítica, este se mostraba bajo la figura de un hombre o de un toro.

En lo referente a la figura demoníaca, de acuerdo a los relatos bíblicos, se puede mostrar como una figura monstruosa que por lo general adquiere la forma de un animal.

Las imágenes más comunes en las que suele exponerse son como una gran mosca, un becerro de grandes proporciones o un chivo cuya cola es poco característica de estos animales.

Algunas teorías señalan que el señor de las tinieblas, una de las figuras demoníacas más temibles, posee una voz con un sonido áspero.

Asimismo, una de las imágenes que le definen está compuesta por la mezcla de varios animales  en la que se combinan las patas de araña con tres cabezas.

Las cabezas se distribuyen de la siguiente forma: En el lado izquierdo se ubica una cabeza de gato, el cual puede ser blanco o negro, la cabeza central es de un hombre con una corona y en el lado derecho la cabeza corresponde a un sapo. Las tres cabezas están unidas a su respectivo cuello, el cual se fusiona con el cuerpo de araña.

Esta ilustración es fiel reflejo de una de las creencias que sustentan que el príncipe de las tinieblas puede tomar forma humana o de cualquiera de estos animales.

De acuerdo a la religión cristiana Baal es un demonio ubicado dentro de las más altas jerarquías, que se convirtió en una figura de las tinieblas tras haber acompañado a Lucifer en su idea de apoderarse del cielo.

Otras teorías afirman que él es Satanás o su principal asistente y le son atribuidas características relacionadas con la perversidad y las grandes habilidades para tentar a los hombres a caer en el pecado.

En la Biblia, el principal dios fenicio se ha asociado con diversos demonios y bajo distintos nombres; uno de ellos es Belcebú, que también es considerado el mismo Satanás.

Según afirman en algunos pasajes bíblicos, este demonio era un querubín que decidió seguir a Lucifer hasta el infierno y representa al pecado capital conocido como gula.

Lo cierto es que está clasificado dentro de las sagradas escrituras como uno de los siete reyes que pertenecen al infierno y representa al mal en todas sus formas.

Belcebú se presentaba en diversas formas relacionadas con figuras monstruosas que podían ser animales pero con un tamaño desproporcionado o alterado, como un chivo con una gran cola o una mosca gigante, entre otros.

Baal, en el cristianismo, debido a que representó a la religión politeísta y la adoración de falsos dioses, de acuerdo a las escrituras sagradas, fue catalogado como una figura del mal.

 

En el judaísmo

Relatos basados en la mitología semítica narran cómo los israelitas fueron castigados por adoptar las costumbres politeístas de los pueblos de Cannán.

En la época, el dios conocido como Yaveh, a través de diversos profetas como Elías, envío un mensaje a los hombres con el que les advertía de las consecuencias de rendir culto a falsas deidades puesto que había un solo dios.

Es así como la creencia en diversos dioses o el politeísmo fue condenado y satanizado y todas aquellas divinidades que formaban parte de la tradición semítica pasaron a desempeñar papeles demoníacos dentro de las sagradas escrituras.

Ba’al Zebub fue empleado a modo de desprecio hacia la deidad semítica por parte de los israelitas más algunas evidencias señalan que el nombre real de la deidad era Ba’al Zebûl, cuyo significado hace alusión a señor de la vivienda divina.

Por otra parte, su asociación con las moscas puede provenir de textos de origen semítico que atribuían poderes de sanación al dios al retirar la enfermedad de las personas. El relato narra cómo Baal expulsó una gran cantidad de moscas que habían causado la enfermedad en uno de sus devotos.

 

En la religión semítica

Baal fue uno de los principales dioses del panteón semítico relacionado con la fertilidad de las tierras y de los hombres, así como de las tormentas y de la lluvia. De acuerdo a los relatos de la época se presentaba como un toro.

En cada uno de sus templos, que se encontraban distribuidos en los pueblos, le eran colocadas ofrendas con la finalidad de que no les faltara el agua y sus tierras produjeran abundantes cultivos.

Se tenía la creencia de que cada nacimiento se llevaba a cabo por la intersección del buen dios Baal y en su honor, en muchas ocasiones, se llegaron a celebrar sacrificios humanos.

En la mitología cananea representaba un lugar importante dentro de las principales deidades a las que se les rendía culto, como el dios El, la diosa Athirat y la diosa Anat.

Los relatos de la época afirmaban que la divinidad de la fertilidad era hijo del dios El y hermano de la deidad conocida como Mot, con quien, de acuerdo a la leyenda, sostuvo grandes enfrentamientos en defensa del pueblo. En tiempos de sequía la creencia giraba en torno a que Mot habría vencido a Baal en combate.

 

En el Islam

En la cultura islámica existe una figura semejante a los demonios de la religión cristiana, conocido como Shaitán, de quien se dice que cometió el pecado de revelarse contra los designios de dios.

Cabe destacar que dentro del islamismo se castiga de manera severa el politeísmo, que incluye adorar o rendir culto a otras deidades diferentes al dios supremo, que en este caso recibe el nombre de Alá.

De manera similar a la concepción cristiana de Lucifer se considera que Shaitán es un ángel caído, cuya misión asociada con el mal es hacer que los hombres caigan en el pecado.

En el Islam, a través del Corán se expone como máximo pecado u ofensa a dios al politeísmo o la creencia en otros dioses.

 

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