ARMAS

¿Están fuera de control?
Tres tiroteos masivos han sacudido a los EE. UU. en los últimos 17 meses, y han sido algunos de los más sangrientos de la nación. Esa sombría estadística se alcanzó el domingo cuando un hombre armado abrió fuego en un pequeño y humilde lugar de culto en Texas, dejando a 26 personas muertas. ¿Es un problema con el control de armas o un problema de salud mental? También tenemos que entender la dinámica involucrada cuando desafortunadamente se usan situaciones como estas con fines políticos.

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El presidente Trump eliminó una pieza de legislación de la era de Obama que hacía más difícil que una persona mentalmente inestable consiguiera un arma. Luego, esta semana, quiere tomar la posición de que es un problema mental y no un problema con el control de las armas.  Este hombre cambia de posición más que un equipo de baloncesto.

El tiroteo en la Primera Iglesia Bautista en Sutherland Springs, un terreno rural a unos 56 kilómetros de San Antonio, llega poco más de un mes después de la peor masacre del país cuando Stephen Paddock mató a tiros a 58 personas en un festival de música country al aire libre. Si este no es un buen indicador de que necesitamos tener leyes sensatas de control de armas, no estoy seguro de qué es. Verán, está en nuestra naturaleza destruirnos a nosotros mismos, y esa es la razón por la cual el control de armas debe estar al frente de cualquier discusión.

 

Orígenes

El derecho a la posesión de armas surgió en Inglaterra en la Edad Media, cuando fueron sentados los precedentes del derecho anglosajón (Common Law) y la monarquía parlamentaria. En 1181 Enrique II promulgó una ley que requería a todo hombre libre a tener armas al servicio del rey. Es decir, el derecho a la posesión de armas estaba ligado al servicio militar.

En 1689 fue reconocido el derecho a poseer armas para defensa personal, únicamente para los protestantes, en la que es su interpretación moderna. Este derecho formó parte de la Declaración de Derechos (Bill of Rights) del mismo año, que se incluye en la actual Constitución no escrita del Reino Unido. El derecho a poseer armas, como el resto del derecho anglosajón, fue exportado a Estados Unidos, Canadá, Australia y otros territorios.

Ahora bien, en las décadas siguientes a la promulgación, el Parlamento británico impuso numerosas restricciones que acabaron por abolir este derecho. La excepción fueron las Trece Colonias inglesas en Norteamérica: no sólo lo mantuvieron, sino que cedió su regulación a sus autoridades locales. Y con la Independencia de los Estados Unidos, la posesión de armas se convirtió en un derecho consagrado.

Los partidarios del control se justifican en el supuesto incremento de la delincuencia y la criminalidad, un hecho ampliamente discutido, y a menudo apelan también a las “amenazas a la seguridad nacional”. Por ejemplo, en el período de entreguerras los estados europeos controlaban las armas como prevención ante el comunismo, y actualmente el terrorismo islamista es esgrimido como nuevo argumento. Por su tradición, Estados Unidos aplica una solución contraria y permite a los ciudadanos tener armas para su defensa. De cualquier modo la mayoría de los países se reservan el control de las armas, impidiendo el acceso a los ciudadanos. Otro motivo esbozado como argumento para el porte de armas, es que representa una forma para los ciudadanos de protegerse ante un eventual dominio armado del Estado por sobre la ciudadanía. Al tener los ciudadanos una milicia, estos se protegen de un potencial estado tirano.

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Cómo llegamos aquí

Una legislación fue aprobada en 1934 para imponer nuevas penalidades criminales, junto con regulaciones e impuestos, sobre las ametralladoras y las carabinas recortadas preferidas por los gánsteres más famosos de la época, en gran medida en respuesta a la sangrienta violencia por armas perpetrada por figuras como Al Capone y Bugs Moran.

El Congreso añadió elementos a la ley Nacional de Armas de Fuego con otra ronda de nuevas leyes cuatro años después. La Ley Federal de Armas de Fuego de 1938 puso restricciones sobre las pistolas interestatales y el comercio de municiones. En muchos casos requirió por primera vez que los vendedores se inscribieran y llevaran un registro de sus transacciones.

El 22 de octubre de 1968, el presidente Lyndon Johnson firmó la siguiente reforma importante a la ley de armas, luego de tres muertes violentas de alto perfil.

El impulso inicial fue provocado por el asesinato del presidente John F. Kennedy en 1963. Lee Harvey Oswald utilizó un rifle ordenado por correo para matar al presidente mientras su caravana pasaba por Dealey Plaza en Dallas. Los posteriores asesinatos de Martin Luther King Jr. el 4 de abril de 1968, y de Robert F. Kennedy dos meses después aceleraron el proyecto de ley, el cual introdujo estándares más estrictos de autorización e inscripción, una prohibición a la venta de armas y municiones a delincuentes y a personas que eran consideradas como mentalmente incompetentes y nuevas regulaciones sobre las ventas interestatales, como la transacción que Oswald utilizó para obtener su arma.

La ley también instaló nuevas regulaciones para los llamados “dispositivos destructivos”, entre ellos gases mortales, bombas, granadas, cohetes y misiles, y preparó el escenario para el nacimiento de la Agencia de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego en 1972.

El presidente Ronald Reagan firmó la “Ley de Protección a los Propietarios de Armas de Fuego”, la cual fue debatida por muchos, el 19 de mayo de 1986. La nueva legislación, una mezcla de nuevos estándares y regulaciones, era el producto de negociaciones sostenidas desde hacía tiempo entre los legisladores de ambas partes y grupos en pro de las armas.

En particular, la ley prohibía la futura venta de cualquier arma totalmente automática o ametralladoras a compradores privados.

Pero también incluyó algunas victorias importantes para la Asociación Nacional del Rifle y los activistas en pro de los derechos a portar armas, quienes desde hacía mucho se quejaban por la ejecución demasiado diligente de la Ley de Control de Armas. La ley también prohibía la creación de una base de datos nacionales de armas de fuego y permitía que los propietarios de armas pasaran libremente por los estados sin controles más estrictos siempre y cuando sus armas estuvieran guardadas o descargadas.

La ley, nombrada en honor a James Brady, el secretario de prensa que recibió un disparo en la cabeza durante un intento de asesinato contra su jefe en 1981, requería que los vendedores con autorización federal llevaran a cabo revisiones de antecedentes penales en las compras de pistolas.

El proyecto de ley, firmado por el presidente Bill Clinton en 1993, inicialmente pedía un periodo de cinco días de espera. Pero ese requerimiento fue retirado paulatinamente cuando el FBI lanzó su Sistema Nacional de Revisión Instantánea de Antecedentes en noviembre de 1998. De acuerdo con estadísticas federales, el NICS ha sido utilizado para llevar a cabo más de 225 millones de revisiones.

En una columna de opinión publicada en el New York Times y titulada “Por qué estoy a favor del proyecto de ley Brady”, Reagan escribió sobre el incidente en el que estuvo a punto de perder la vida tan solo 69 días después de haber tomado posesión.

“Cuatro vidas fueron cambiadas para siempre, y todo por un arma económica —una pistola inferior de calibre .22— adquirida en una casa de empeños de Dallas por un joven que tenía un historial de trastornos mentales. Esta pesadilla podría nunca haber ocurrido si la legislación que ahora se encuentra ante el Congreso —el proyecto de ley Brady— hubiera sido ley en 1981″.

Al año siguiente, Reagan y dos expresidentes, Gerald Ford y Jimmy Carter, firmaron una carta en la que aprobaban una nueva ronda de legislaciones que prohibían la fabricación, posesión y venta de ciertas armas estilo de combate. También limitaba el tamaño del cargador que suministraba municiones a esas pesadas armas de fuego.

La ley comúnmente conocida como la “Prohibición de armas de asalto” venció en 2004 durante la administración de George W. Bush y no ha sido renovada. El intento de reautorización más reciente fue patrocinado por el representante David Cicilline, un demócrata de Rhode Island, y fue presentada en la Cámara el 16 de diciembre de 2015. Durante la presidencia de Obama, el Congreso constantemente se ha resistido a todos los intentos de reafirmar las leyes sobre el control de armas.

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Tres países con control de armas, y lo que Estados Unidos podría aprender de ellos

Treinta personas serán asesinadas a tiros en los Estados Unidos hoy. Podría ser más. Si es menos, entonces más morirán mañana. O al día siguiente.

La tasa de homicidios con armas de fuego de Estados Unidos es 25 veces más alta que en otros países de altos ingresos, según un estudio reciente.

Los estadounidenses están divididos sobre si las muertes por armas del país podrían reducirse a través de leyes más estrictas sobre la posesión de armas. Los liberales argumentan que las restricciones legales a la propiedad de armas podrían salvar vidas. Los conservadores dicen que las leyes de armas más estrictas no harían nada para cambiar el comportamiento de los delincuentes violentos.

Después de tiroteos masivos similares, otros países han tomado medidas más dramáticas para regular la posesión de armas. Una mirada a cuatro países muestra que las leyes de armas más duras han sido fundamentales para estos esfuerzos, pero que la aplicación y la cultura también pueden desempeñar un papel importante en la prevención de la violencia.

 

 

El reino unido de gran Bretaña

Desde el momento en que Thomas Hamilton, de 43 años, descargó su arsenal de pistolas legalmente retenidas sobre niños y personal en la escuela primaria de Dunblane el 13 de marzo de 1996, el control de armas estaba en juego.

Nada como Dunblane, una masacre de 16 niños de cinco y seis años, junto con el maestro que trató de protegerlos, había tenido lugar antes en Gran Bretaña. La conmoción y el dolor colectivo de toda la nación resonaron desde el punto más al norte de Escocia hasta la punta de Cornualles. Esto no fue en los Estados Unidos, donde en 1996 se produjeron tiroteos en el aula en muchos lugares, incluidos Nashville, San Diego y Carolina del Sur.

Mientras el dolor se convertía en ira nacional, el debate público se centró en cómo a alguien como Hamilton, un ex líder Scout que había sido excluido por su comportamiento sospechoso con niños pequeños, se le había permitido poseer armas tan letales.

 

Las peticiones públicas, más notablemente por la campaña Snowdrop, fundada por amigos de las familias en duelo, pidieron la prohibición total de la propiedad privada y el uso de armas cortas en el Reino Unido. Firmado por 750,000 personas, simbolizaba el peso de la opinión pública.

 

Nueve años antes de Dunblane, hubo un incidente en Hungerford, donde Michael Ryan se desmadró por la ciudad de Berkshire, matando a 16 personas en una serie de tiroteos al azar antes de dispararse a sí mismo. Llevaba una pistola y dos rifles semiautomáticos, para los cuales tenía certificados de armas de fuego.

 

Las secuelas de Hungerford pusieron fin al derecho a poseer armas de fuego semiautomáticas en Gran Bretaña; fueron prohibidos junto con armas de acción de bombeo, y el registro se volvió obligatorio para los propietarios de escopetas.

 

 

Japón

Japón tiene lo que puede ser lo más cercano a cualquier país a la “tolerancia cero” de la posesión de armas de fuego, una política que según los expertos contribuye con sus tasas envidiosamente bajas de delitos con armas de fuego. A partir de 2011, la posesión legal de armas de fuego alcanzaba 271,000, según los registros policiales, en un país de 127 millones de personas.

 

Hubo seis muertes de armas en Japón en 2014, según la Agencia Nacional de Policía. En 2006, solo dos personas murieron en ataques con armas de fuego; cuando el número aumentó a 22 en 2007, provocó un ataque de conciencia nacional. En su artículo seminal de 1993 para Asia Pacific Law Review, cuyas conclusiones siguen siendo válidas más de 20 años después, David Kopel describió las leyes japonesas de control de armas como “las más estrictas en el mundo democrático”.

 

La ley de 1958 sobre la posesión de espadas y armas de fuego establece: “Nadie poseerá armas de fuego, o espadas”. Entre las pocas excepciones se encuentran las escopetas, pero también aquí las restricciones causarían indignación entre los propietarios de armas estadounidenses.

 

Antes de que puedan poner las manos en una escopeta para cazar y disparar al aire libre, los posibles propietarios deben asistir a clases y aprobar exámenes escritos y prácticos. Luego deben someterse a evaluaciones psicológicas para determinar si son aptos para poseer un arma de fuego. Las verificaciones de antecedentes policiales son exhaustivas e incluso se extienden a los familiares de los propietarios de las armas.

 

 

Australia

El momento de verdad de Australia también ocurrió casi exactamente hace 20 años, cuando una ola de disparos en una tienda de regalos en Port Arthur, Tasmania, provocó la muerte de 35 personas en aproximadamente media hora. Fue el peor tiroteo en masa por una persona en la historia de Australia. El asesino, Martin Bryant, recibió una sentencia de 35 términos de cadena perpetua.

 

Menos de dos semanas después, el entonces primer ministro de Australia, John Howard, anunció un amplio paquete de reformas armamentistas en un país donde las armas de fuego habían sido consideradas durante mucho tiempo como un elemento esencial en la mitología nacional de la vida en el monte.

 

“Actuamos Port Arthur “, dijo Tim Fischer, entonces viceprimer ministro de Howard. “Estados Unidos no está preparado para actuar en sus tragedias”.

 

Antes de Port Arthur, la mayoría de los estados tenían un sistema de licencia débil y no requerían registrar armas de fuego. Howard propuso que cada estado y territorio debería introducir y hacer cumplir un sistema de licencia y registro de armas de fuego que requiere que las personas tengan una “razón genuina” para tener un arma de fuego, como disparos deportivos o de tiro, caza recreativa o ser agricultor.

 

Howard también introdujo una política nacional de recompra de armas para todas las armas que no cumplieron, lo que llevó a la compra y fusión de más de 650,000 armas de fuego a un costo de A $ 350 millones . Un estudio dijo que la recompra redujo la tasa de suicidios con armas de fuego en un 74% en los primeros 10 años.

 

 

El tiempo para el control de armas es ahora

¿Cuántas vidas más se deben tomar antes de que la administración actual actúe e imponga leyes de armas más estrictas? El momento de actuar es ahora. No hay ninguna razón en que una persona con una enfermedad mental tenga acceso a un rifle de asalto semi automático. El momento de actuar es ahora. La vida de las personas es lo que está en juego. Es hora de escuchar la voz de la gente y no a los donantes que controlan el juego político.

 

 

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