MUERA EL MAL GOBIERNO!

La Independencia de México

Este domingo, raza de todo el mundo estará celebrando su independencia. Realmente no podría venir en mejor momento dado el clima político. Las bombas siguen volando, los niños siguen muriendo de hambre, los ricos se hacen más ricos y los pobres se hacen más pobres. Gracias a mi gente mexicana encantadora por darme una razón para celebrar y tomar una cerveza en estos momentos de incertidumbre. Tenemos tanto derecho como el próximo “americano” para celebrar nuestra independencia y estar orgullosos de nuestros logros como pueblo. Es un tiempo para reflexionar sobre las luchas y los triunfos de nuestros antepasados. Es un tiempo para rendir homenaje a aquellos que vinieron antes de nosotros y sacrificaron tanto para que podamos llamar a México y a nosotros mismos un país libre. Nos permitió considerarnos personas libres.

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El movimiento por la independencia de México se inicia en una madrugada de septiembre de 1810 con un pequeño grupo de indios, mestizos y criollos, en su mayoría sin instrucción militar alguna y armados con instrumentos de labranza; cuatro meses después los insurgentes eran 100,000 con 95 cañones.  El aumento cualitativo y cuantitativo de un movimiento, en una época en la que no existían redes sociales ni medios de comunicación masiva, habla de la desesperación de un pueblo completo, mucho más allá que una protesta contra el gobierno. Las ideas de la revolución francesa y el creciente disgusto contra la corona española tanto por los impuestos que se le pagaban como por la situación de los nativos de las colonias americanas hizo que en 1810 se iniciaran movimientos independentistas que después fueron México, Colombia y Chile.

 

Un poco de historia

La Independencia de México fue la consecuencia de un proceso político y social resuelto por vía de las armas, que puso fin al dominio español en los territorios de Nueva España. La guerra por la independencia mexicana tuvo su antecedente en la invasión de Francia a España en 1808 y se extendió desde el Grito de Dolores, el 16 de septiembre de 1810, hasta la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México, el 27 de septiembre de 1821.

El movimiento independentista mexicano tiene como marco la Ilustración y las revoluciones liberales de la última parte del siglo XVIII. Por esa época la élite ilustrada comenzaba a reflexionar acerca de las relaciones de España con sus colonias. Los cambios en la estructura social y política derivados de las reformas borbónicas, a los que se sumó una profunda crisis económica en Nueva España, también generaron un malestar entre algunos segmentos de la población.

La ocupación francesa de la metrópoli en 1808 desencadenó en Nueva España una crisis política que desembocó en el movimiento armado. En ese año, el rey Carlos IV y Fernando VII abdicaron sucesivamente en favor de Napoleón Bonaparte, que dejó la corona de España a su hermano José Bonaparte. Como respuesta, el ayuntamiento de México —con apoyo del virrey José de Iturrigaray— reclamó la soberanía en ausencia del rey legítimo; la reacción condujo a un golpe de estado contra el virrey y llevó a la cárcel a los cabecillas del movimiento.

A pesar de la derrota de los criollos en la Ciudad de México en 1808, en otras ciudades de Nueva España se reunieron pequeños grupos de conjurados que pretendieron seguir los pasos del ayuntamiento de México. Tal fue el caso de la conjura de Valladolid, descubierta en 1809 y cuyos participantes fueron puestos en prisión. En 1810, los conspiradores de Querétaro estuvieron a punto de correr la misma suerte, pero al verse descubiertos, optaron por tomar las armas el 16 de septiembre en compañía de los habitantes indígenas y campesinos del pueblo de Dolores (Guanajuato), convocados por el cura Miguel Hidalgo y Costilla.

A partir de 1810, el movimiento independentista pasó por varias etapas, pues los sucesivos líderes fueron puestos en prisión o ejecutados por las fuerzas leales a España. Al principio se reivindicaba la soberanía de Fernando VII sobre España y sus colonias, pero los líderes asumieron después posturas más radicales, incluyendo cuestiones de orden social como la abolición de la esclavitud. José María Morelos y Pavón convocó a las provincias independentistas a conformar el Congreso de Anáhuac, que dotó al movimiento insurgente de un marco legal propio. Tras la derrota de Morelos, el movimiento se redujo a una guerra de guerrillas. Hacia 1820, solo quedaban algunos núcleos rebeldes, sobre todo en la sierra Madre del Sur y en Veracruz.

La rehabilitación de la Constitución de Cádiz en 1820 alentó el cambio de postura de las élites novohispanas, que hasta ahí habían respaldado el dominio español. Al ver afectados sus intereses, los criollos monarquistas decidieron apoyar la independencia de Nueva España, para lo cual buscaron aliarse con la resistencia insurgente. Agustín de Iturbide dirigió el brazo militar de los conspiradores, y a principios de 1821 pudo encontrarse con Vicente Guerrero. Ambos proclamaron el Plan de Iguala, que convocó a la unión de todas las facciones insurgentes y contó con el apoyo de la aristocracia y el clero de Nueva España. Finalmente, la independencia de México se consumó el 27 de septiembre de 1821.

Tras esto, Nueva España se convirtió en el Imperio Mexicano, una efímera monarquía católica que dio paso a una república federal en 1823, entre conflictos internos y la separación de América Central.

Después de algunos intentos de reconquista, incluyendo la expedición de Isidro Barradas en 1829, España reconoció la independencia de México en 1836, tras el fallecimiento del monarca Fernando VII.

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Situación económica y social

La sociedad novohispana estaba dividida en varios estratos, cuya posición estaba condicionada por cuestiones de orden económico, cultural y político. Una de ellas era su papel respecto a la posesión de los bienes económicos. Había un grupo muy pequeño de personas que controlaban la mayor parte de la riqueza, mientras que la gran parte de la población era pobre. Los pueblos indígenas debían pagar un tributo al gobierno y estaban sujetos a un régimen de autoridad que, por ambiguo, provocaba numerosas confrontaciones entre españoles, criollos y mestizos. Muchos de estos enfrentamientos tenían relación con cuestiones agrarias, como por ejemplo la tenencia de la tierra y el control del agua. A lo largo de los tres siglos de dominio español hubo varios estallidos sociales en la Nueva España, entre ellos la rebelión de los Pericúes de 1734 a 1737 en Vieja California, la rebelión de 1761 de los mayas, encabezada por Jacinto Canek y las rebeliones de los Seris y los Pimas en Sonora a lo largo de todo el siglo XVIII.

Como un corolario de los múltiples orígenes de la población de Nueva España surgió el sistema de “castas”. Estos grupos estaban caracterizados por el origen racial de sus integrantes, encontrándose en la cúspide los españoles, y entre ellos, los europeos.

El mestizaje entre españoles, indígenas y africanos dio como resultado un número de grupos cuya posición estaba determinada por la cantidad de sangre española que poseían. El sistema aspiraba a mantener la supremacía de la sangre española, y aunque nunca tuvo base legal, no siendo más que una nomenclatura aceptada, reflejó la división y la exclusión existente en la Nueva España, donde los grupos no españoles ocupaban un lugar marginal en el sistema social.

El pilar de la economía del virreinato de Nueva España era la minería, particularmente la explotación de oro y plata. Durante el siglo XVIII la producción minera vivió una de sus mejores épocas. Como resultado, la producción de oro y plata se triplicó en el período de 1740 a 1803. La bonanza era tan grande, que la mina llamada La Valenciana, en el estado de Guanajuato, llegó a ser considerada la operación minera de plata más importante del mundo. Al finalizar el siglo XVIII, Nueva España producía más de 2 500 000 de marcos de plata, y sus principales regiones mineras eran Guanajuato, Zacatecas y el norte de la intendencia de México. La importancia de la minería para la economía novohispana era tal que Carlos III reconoció al Cuerpo de Minería de Nueva España en 1776; un poco más tarde, permitió el establecimiento del Real Tribunal de Minería, así como también del Colegio de Minería.

El apogeo de la explotación minera favoreció el desarrollo de otras actividades económicas, particularmente el comercio y la agricultura. Por ejemplo, la creciente importancia de Guadalajara y El Bajío se debía a su relación con los minerales de Zacatecas y Guanajuato. Dado que la exportación de plata y oro constituía el nodo de la economía novohispana, en torno a esta actividad creció un complejo sistema que consolidó al grupo de comerciantes peninsulares, pero que también permitió la ascensión de un poderoso grupo criollo. Este grupo estaba concentrado en los consulados de México y Guadalajara, que constituyeron la pieza fundamental en la circulación de capitales en el territorio novohispano. El poder económico de los consulados respaldaba su capacidad de representación política, gestión y cabildeo. ​

La economía novohispana entró en crisis a final del siglo XVIII, período que coincide con las reformas borbónicas adoptadas por la Corona. Las reformas tenían por objeto modernizar la administración de las colonias y hacer más rentable la explotación de sus recursos, porque en Nueva España había una escasez de capitales en circulación debida al monopolio sobre la plata ejercido por los comerciantes y por la propia política financiera de la metrópoli. Una parte importante de las rentas derivadas de la explotación de las colonias no llegaba a las arcas reales, repartiéndose entre distintas corporaciones de acuerdo con los arreglos antiguos entre la Corona y estos grupos. Ciertamente, la reforma afectó los intereses de las clases más privilegiadas. Al establecerse además el libre comercio entre el virreinato, creció el poder económico y político de los criollos y los mestizos que comenzaron a ocupar también más espacios en la administración virreinal.

En las últimas décadas del siglo XVIII, Nueva España estaba en bancarrota a causa de la expoliación de sus finanzas por parte de la metrópoli.  Paradójicamente, fueron los miembros de la élite económica —muy golpeada por la política económica de la monarquía— los que apoyaron el golpe de estado contra el virrey José de Iturrigaray en 1808, cuando el Ayuntamiento de México intentó ejercer la soberanía en ausencia del rey de España.

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Maneras de celebrar

Escucha música de mariachi. Cualquier evento aburrido puede tomar vida con la música de mariachis. Se originó en el estado de Jalisco, pero ahora se considera la música mexicana por excelencia. Compuesta por músicos vestidos con trajes de charro, le da un ambiente festivo a cualquier evento. Un grupo de mariachi en vivo es lo mejor, pero si es música grabada no hay ningún problema.

Aprende acerca de la bandera mexicana. La primera bandera de México se estableció en 1821, año en que México obtuvo su independencia, y contenía los colores nacionales, blanco, rojo, y verde en rayas diagonales. Los colores siguen siendo los mismos, pero su colocación y la cresta en el centro de la bandera ha cambiado con el tiempo. Cada uno de los tres colores tiene un significado específico; se dice que el color verde representa la esperanza, el blanco es la unidad, y el rojo es la sangre de los héroes nacionales. La cresta en el panel central es el escudo de armas de México y retrata un águila con una serpiente en su pico de pie sobre un nopal.

Bebe una bandera mexicana. ¡Sí!, es una bebida con los colores nacionales, además tiene alcohol, lo que hace al trago más festivo. Puedes hacer un ‘shooter’ con la bandera mexicana con jugo de limón, tequila y sangrita.

Come chiles en nogada. Según la leyenda este plato mexicano se preparó en primer lugar por las monjas en la ciudad de Puebla justo después de que se declaró la independencia de México. Las monjas le sirvieron el plato a Agustín de Iturbide el día de su santo, poco después de la firma del Tratado de Córdoba que concedió a México su independencia. Sus ingredientes tienen los colores de la bandera mexicana, por lo que es un alimento ideal para el Día de la Independencia.

 

Decora tu casa, coche, o lugar de trabajo. En el mes de septiembre en las calles de México hay vendedores con banderas, sombreros, molinetes y una gran variedad de artículos con los colores nacionales. Puedes colocar banderas y pancartas en tu coche, ventana y cualquier otro lugar que imagines. Las serpentinas rojas, blancas y verdes, papel picado y otras decoraciones con los colores son buenas opciones.

 

Vístete para la ocasión. No te detengas sólo en la decoración de tu casa, auto y demás. ¡Decórate tú mismo! Usa los colores de la bandera, pinta tu cara, o ponte un bigote falso y un gran sombrero. O ¡consigue un traje charro completo!

 

Aprende el himno nacional mexicano. No hay mejor manera de llevar a cabo una celebración mexicana interior que cantar a todo pulmón el himno nacional de México. La letra de la canción fue compuesta por el poeta Francisco González Bocanegra en 1853; la música de Jaime Nunó fue añadida más tarde, en 1854. La letra habla de victorias mexicanas en la batalla y la defensa de la patria. Vamos, ahora a todo pulmón: “Mexicanos al grito de guerra …”

Haz una fiesta mexicana. ¿Por qué dejárselo a otra persona? Puedes asegurarte de que todos los elementos estén en su lugar si la haces tú mismo. No te olvides de la decoración, comida, bebidas y entretenimiento. Y lo mejor de todo, tú tienes el control de la lista de invitados.

 

Grita “¡Viva México!” La Guerra de Independencia de México fue iniciada por el padre Miguel Hidalgo quien llamó al pueblo a levantarse contra España en 1810. Este evento es conocido como El Grito de Dolores. El 15 de septiembre a las 11 pm el grito se escenifica en las plazas de todo el país. Si estás en México, no debes perderte la oportunidad de estar en alguna de las plazas. Si no estás aquí, no importa dónde o lo que estés haciendo, a las 11 pm del 15 de septiembre grita “¡Viva México!

 

Sal de la ciudad. Muchos restaurantes, hoteles y clubes nocturnos celebran la Noche Mexicana. Seguramente habrá comida mexicana, bebidas y entretenimiento, pueden variar de cenas en hoteles de lujo y conciertos a grandes fiestas en clubes de baile. O simplemente puedes ir a la plaza de la ciudad más cercana y unirte a las multitudes para gritar y continuar la fiesta hasta el día siguiente.

¡Comunidades mexicanas de todo el mundo también estarán celebrando! seguramente en las embajadas, alguna casa de un mexicano, o en algún bar de la ciudad.

 

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